miércoles, 7 de diciembre de 2016

Grietas



Finalmente, ayer fui al concierto de Roosevelt. Me gustó el equilibrio entre lo electrónico y lo analógico en directo. La batería y el bajo le daban calidez. Sonaron bien pero la voz, para mi gusto, demasiado seca, aunque creo que es porque estábamos en segunda fila. Puede que más atrás se apreciara mejor toda la mezcla.

Perdí el autobús y fui en metro. No es relevante. Cuando llegué,  G. y E. estaban comiendo patatas bravas (que no eran tales) en el bar de al lado. Tampoco es relevante. G. dijo que en realidad esas patatas las hacen en la plancha de las hamburguesas y por ese saben así. Es relevante. E. nos preguntó si queríamos éxtasis. A mi me sonó a Chimo Bayo. Yo quería una caña pequeña y no hubo manera porque eran todas tamaño grande, G. no quería tener la cerveza en la mano durante el concierto... Ya tenemos cosas de señoras mayores.

En el concierto estuve pensando en la música como concepto, creo que es lo mejor que ha creado el ser humano, con diferencia. Es una de las realidades más misteriosas que existen. La música no se ve, la música de donde viene, ¿la música qué es?

Al acostarme, recordé los versos de Lorca que se colaron  por la tarde, por unas de esas grietas:

La noche no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.