martes, 20 de septiembre de 2016

Embalaje

Ayer, la puerta se abrió de golpe. Con ayuda, la cerré y la aseguré antes de comprobar si era huracán o brisa. En la caja sigue escrito No agitar. Son copas que prefiero proteger de los vaivenes de la mudanza y el viento. Siguen siendo mis copas de cristal. En su día las calenté, las moldeé y bebí en ellas a sorbos grandes y pequeños.

Hay una muy buena noticia: gato está vivo. Lo he visto corretear sobre el tejado de uralita. Me ha hecho muy feliz saber que está bien.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Protocolo en caso de incendio



(Editado)

Esta entrada no la escribí como una ofensa o agravio. Cuando escribo "no volveré a dejar" asumo mi parte de responsabilidad, o eso es lo que quería expresar. Aprovecho para aclarar que me refería a actitudes, no a personas que sean dañinas o narcisistas. Tampoco he hablado de "personas tóxicas" porque es determinista. Tampoco  he usado la palabra "maltrato". Yo me equivoco muchas veces, y por ello la segunda parte del texto en la que manifiesto mi voluntad de  no querer reproducirlas.  Todas las personas tenemos, en según qué circunstancias, comportamientos no adecuados. Podemos ser personas valiosas, bellas y admirables, pero que la situación haga que nuestra actitud genere dolor innecesario en los demás, y no está de más darnos cuenta de ello y reflexionar, para poder aprender de ello, si lo creemos útil. Por último, quiero aclarar que hablaba de las relaciones en general. Me parecía justo añadir este comentario al texto.

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Ha habido un incendio cerca del campus, en Collserola. Hidroaviones y helicópteros. Las llamas del bosque son de color naranja violento. 

Ha sido un fin de semana catártico y puede que esté viendo el incendio como un reflejo. Después de mis ultimas experiencias, me he dado cuenta de que no volveré a dejar que me traten cómo no merezco, sin respeto ni reciprocidad, tampoco me esforzaré en mostrar comprensión ante actitudes dañinas o narcisistas. Es como si te fueras inyectando veneno a diario, y además, acaba enganchándote.

Es uno de mis objetivos de ahora en adelante: establecer un protocolo de detección de relaciones no sanas, sean de amistad o de otro tipo. A su vez, servirá para que yo no las reproduzca con nadie, por ética y por convicción. Estoy contenta de empezar a darme cuenta de ello. Me parece que estamos en un momento en el que todos mostramos empatía ante muchos temas importantes, pero en cambio, no tenemos ni idea de cómo tratar a los demás o a nosotros mismos. Bueno, no va a ser fácil, pero es un primer paso.







domingo, 18 de septiembre de 2016

End of summer

Ayer también me divertí pero tuve momentos de cristal. Es como tostar pan de ayer para que no parezca que lo es. Se me humedecieron los ojos en el concierto de los Zephyr Bones. Pero intenté llevarlo bien. Tormenta. Fin del verano. Me recordaba a todo lo contrario, al inicio de la primavera, a cuando los descubrí y esa fue la primera mañana que me puse manga corta este año.

Me he despertado como si tuviera que pasar algo, una sensanción de alerta, y ya no he querido seguir. No me gusta salir hasta tarde porque luego no puedo dormir, y me despierto a las tres horas. Hace un día muy bonito. He entrado en la exposición de Julia Clay. 



sábado, 17 de septiembre de 2016

Cerveza


Me he comprado una camiseta que dice "Mis libros son más raros que los tuyos." No tengo el virus. No lo tuve jamás, siempre fue nostalgia. Y mi medicina, un placebo, no voy a volver a ello. Ayer fue un día muy largo porque salí y de repente era hoy, y el hoy continuaba más allá... aunque últimamente tengo días que son como vidas enteras.

Ayer  bailé mucho mientras pinchaba Tupinamba, me reí mucho, bebí mucho y de todo mucho. Besé apasionadamente con lengua a una chica, sentadas en una acera, fue muy adolescente. 

La luna llena trae verdades. Siempre están, no las vemos para protegernos de algo que sabemos que nos dolerá. Sigue mi duelo por desamor. Luto de pies a cabeza.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Plantas y personas





Hoy me he despedido de una profesora visitante que ha estado durante toda la semana  dando unas conferencias, y hemos compartido con ella varios almuerzos en el campus. Al decirme adiós, me ha dado un abrazo sincero, como cuando conoces a alguien en un viaje y te haces amiga y hablas en un idioma que no es el tuyo y cuentas detalles sueltos de tu vida, que al final son como piezas de un puzzle o, mejor dicho, instantáneas, como esas de la infancia, que a veces, con el tiempo, quedan fuera de contexto. Algunas personas entran, otras se van, otras se quedan, otras se van por un tiempo y vuelven de otro modo, otras se convierten en invisibles, otras en fantasmas, otras en desconocidas y otras son futuribles.


Esta mañana he salido al balcón a asegurarme de que mis plantas habían sobrevivido a la gran tormenta de ayer noche que, por lo que me han comentado esta mañana, no fue igual en todas las zonas. He revisado los tiestos y ha habido sorpresa: el esqueje de una planta había dado otra indéntica a ella pero más pequeña. Las primeras semanas la miraba cada noche y no veía nada nuevo. Y hoy, que ya ni me acordaba de que estaba ahí, me he dado cuenta de que había enraizado. He recordado que ese tallo lo encontré por la mañana,  encima del capó de mi coche, justo en el medio, tras dormir por última vez con mi persona preferida del primer semestre del año. Y me la llevé pensando que trataría de plantarla para ver si salía algo... Yo de nombres no sé, pero me pareció bonita y curiosa. La vida es algo imprevisible, no sabes qué va a brotar y qué no. En el balcón de Carmelo todavía queda un geranio. Vaciaron todo el piso pero dejaron esa maceta. No se ha secado porque, casi estratégicamente, el agua del extractor del aire acondionado del vecino de arriba le cae justo encima. Me alegro. Son huellas en forma de planta de las personas que han formado parte, de algún modo, de mi rutina. Una transformación de ellas.

Todavía sigue nítida, aunque ya no tanto, la imagen de mi vecino Carmelo, muerto en el  balcón, aquella mañana, con el sol estrellándose en su cuerpo, rodeado de sus plantas, que creo que eran lo único que lo mantenía vivo. Bueno, eso y el casino. A finales de la semana pasada vi que su piso estaba abierto. Supongo que quieren alquilarlo. Pedí permiso y entré a verlo por curiosidad. 

Fue extraño. Fue como estar en el santuario de alguien. El hogar es el sitio en el que somos nosotros en esencia, el lugar en el que no fingimos nada. Vi su cama, su armario, su cocina. Algunos platos en el armario. Quizás soy la única persona que se acuerda de ese hombre en la faz de la tierra. Era viudo, no tenía hijos. Siguen llegando cartas para él. Ninguna interesante. Yo quiero que reciba alguna postal, una carta escrita mano, algo que pueda parecerse a la  vida.