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Mostrando entradas de marzo, 2011

Yo viví en una de esas ventanas durante un tiempo maravilloso

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Girona

No nos damos cuenta de lo que es extraordinario hasta que pasan los años y, un buen día, tendiendo la ropa, pensamos: fue insólito. En ese momento aparece una grieta en la pared, pero nadie la ve. Las señales: una chica se aparta el pelo de la cara; alguien escoge una lechuga de entre todas las del mercado; una profesora subraya el título de una canción; un niño mira por unos prismáticos del revés para verlo todo más lejos; una mujer con dos nombres planea una fuga a Venecia. (Me permito hablar así porque he leído que a los 30 ya se es una mujer de mediana edad; por lo tanto, ya puedo empezar a teorizar sobre el paso del tiempo. Yuju.)

En mi caso no fue así, porque cuando vivía en Girona era consciente de lo asombroso que era despertarse cada día escuchando los pasos sobre las tablas de madera del puente. Este fin de semana he comprobado que han cambiado las láminas y que ya no suenan como entonces. De todas formas, sigue siendo una ciudad parar vivir sabiendo que cientos de muro…

¿Me recordarán?

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Como buena Libra que busca el equilibrio en medio del caos, necesito estar en esa secuencia en la que la chica se concentra muchísimo en su trabajo y en nada más. No nos engañemos, es aburrido; en las películas siempre aprovechan ese momento para poner uno de los temas de la banda sonora de fondo.
Hoy: veinticinco niños de seis años ansiosos por saber qué características tiene la primavera. En realidad, es todo una invención de las maestras, si no de qué se iba a preocupar un niño de seis años en hacer murales sobre la primavera. No me jodas, hombre. La primavera nos la hemos inventado los adultos.
Perdón, quería decir: profesora de música de 32 años ansiosa por explicar que características tiene la primavera y cantando fuera de sí "ya llega la primavera, ya llega, no espera, ya llega, ya llegó" con la melodía del allegro de Vivaldi. Y los niños siguiéndole el rollo, claro. Como a los locos. (Tengo una amiga que siempre que se emborracha la canta.)
Efectivamente, he encontra…

un par de cosas claras

Mido 1'64 o 65, nunca me acuerdo, me gustaría no olvidar ciertas cosas. Peso 57 kg esta noche y tengo un morado en la pierna recién hecho, una patada en toda regla que me han arreado hoy en la clase de Taekwondo. Las protecciones y los petos no cubren lo suficiente, siempre se recibe en combate. Me pasa en el gimnasio y en la vida. Que voy muy chula lanzado ap chaguis pero siempre me las devuelven en el contraataque.
Estoy que me gustaría saber donde estoy.

De agosto a marzo van siete meses

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Aquella caída en moto fue el inicio de una carta de amor; y todo lo que vino después, una declaración o una cajita negra con una anillo dentro.

Vi como el agua del grifo se llevaba la sangre; vi tus lágrimas y me vi reflejada en el espejo, cuidándote. Un par de horas más tarde, bajamos cojeando a la playa.

Finales de agosto, aquella brisa de la isla, cuando el sol se marchaba a las nueve. Y me di cuenta de que te quería y de que tenía que decir un taco, joder. Si tiene que salir bien, que sea contigo.

Ahora, en marzo, la samba siempre es triste y alegre, ¿por qué? Tomamos un Spritz en una terraza con las gafas de sol puestas. Me preguntas, ¿te gusta mi ciudad?, te contesto, sí. Y cierro los ojos para recordar el mirador de Santa Lucía con mi amigo Ike, aquel día que veneramos los tejados de La Alfama como si nos hiciéramos el mismo tatuaje.

Los preludios de Wagner y calentar leche sin microondas

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Hace dos días que no uso el microondas para calentar leche; lo hago en un cazo sobre el fuego. No hay ninguna razón pero, quien sabe, este cambio de hábito podría ser el interruptor de un complejo mecanismo.
Algo imparable sube desde el centro cuando empieza a hervir. Parece que se resista; sin embargo, está intranquila, como si llevara varias noches insomne. Esperando, esperando, esperando. Hay que prestar atención: si te descuidas un poco se pega. Es asqueroso que la leche pueda quemarse como un simple trozo de carne.
A las siete empezará Parsifal. Saldré en busca de la emoción del año pasado al escuchar el preludio del primer acto de Tristán e Isolda. Desear que algo se repita es peligroso. Si Wagner no me conmueve tanto como aquella noche, será como salir de caza y volver sin nada. O peor, volver con un disparo en el brazo y algún perro herido.