27 sept. 2011

Tenemos una meta


¿Cómo saber si va a ser tu último día de playa? No se sabe. Haces la foto pensando que no. Luego te das cuenta de que sí. A menudo sucede a finales de agosto o a principios de septiembre. Siempre tengo la esperanza de que sea el primer fin de semana de otoño. Ese día te despides del verano como si se tratara de un acto oficial. Lo primero es nadar desordenadamente como un tiburón hambriento, aunque vayas a ser tú la devorada por el no_verano/no_future. Y los Sex Pistols harán una canción para superar el invierno. Y como viene siendo habitual... me pierdo en las enumeraciones. Pues eso, que lo primero será lo segundo y lo tercero.

Pero tú y yo tenemos una meta. Y algunos dirán que es la de siempre, porque todas las llegadas a la meta son iguales: el corredor cruza la meta y se rompe la cinta. Luego levanta los brazos y quién sabe qué es lo que oye en su cabeza.

Tú y yo tenemos una meta. La meta se parece a la salida. Su nombre lo llevo bordado en mi pañuelo blanco y su silueta colgada al cuello en una cadenita de plata.





(He recuperado a la mujer que se peina el pelo infinito como recuerdo a la primera cabecera que tuve en el blog, de la que ya va a hacer 8 años. Por cierto, este mensaje es en clave y solo lo entenderá quien esté desde entonces: ¿Superwoman sigues ahí? ¿Sigues siendo una not a pretty girrrl?)