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Mostrando entradas de febrero, 2013

¿Te darías la vuelta?

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Cuando llega el momento y me despido de alguien a quien quiero; y ya nos hemos dado dos besos; y ya llega el tren o el metro o el barco o con lo que sea que se marche (también puede ser andando); y ya definitivamente sí, ya se va, adiós, adéu, venga... A menudo juego a seguirle la espalda con la mirada para ver si  se da la vuelta y me mira por última vez. Si lo hace, me quiere. Si no lo hace, a veces pienso que también me quiere.

Límites

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He vivido aquí [en la foto] de los catorce a los diecinueve años, luego intermitentemente. Por ahí corríamos mi amiga S y yo aquel febrero que nevó mucho y no pudimos ir al instituto. Las tardes de invierno eran aburridas, por eso aprendimos a tocar la guitarra. Estos de ahora son los lugares de mi adolescencia y, como entonces, me siento esperando algo. La adolescencia podría definirse como esa fase en la que quieres obtener respuestas. La mía fue así.

Todo esto está en algún límite; puede que entre lo industrial y lo agrícola. Hace poco inauguraron un McDonalds aquí -bueno, en realidad está en las afueras, en la carretera- y fue noticia destacada en la radio local, en la publicación mensual... La gente hablaba de ello. ¿Cómo es? ¿Cómo es? Como todos. En realidad, creo que lo del McDonalds fue como cuando ves tu calle en el Street View de Google Maps. Que te hace ilusión. Es algo inocente. A veces es tristeza.

Debemos alejarnos para luego volver de otro modo, volver con los mismos oj…

Fiebres

Paso por una gripe existencial. Ya hace tiempo que la estoy incubando, pero ahora que todo se ha precipitado (el coche es rojo) le temo a lo que va a salir del huevo.

Volver a lo que ya ha pasado es imposible. Es comparable a los muebles antiguos de las casas de las abuelas, que cubren toda la pared y están llenos de fotografías de bodas y de niñas vestidas de comunión. Yo no quiero eso. Nos merecemos, como mínimo, una mesa y cuatro sillas del Ikea. O del Stop&Walk, que parecen más buenas.

He soñado que tu casa estaba llena de plantas muy bonitas. Y que todo estaba bien. Tú me decías que todo estaba bien. Yo aún iba en pijama y suspiraba aliviada. Me sentía muy bien. Cuando me he despertado, la sensación ha permanecido en mí durante algunos segundos.

Quiero creer que hay un futuro bueno.

Post de sábado por la noche

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Estaba sola en casa y me he puesto a ver Bass Ackwards (2010). La he escogido gracias a un comentario que decía "Películas como ésta son las que me hacen amar el cine" y he pensado que valía la pena hacerle caso a alguien tan entusiasta. 

Es la típica peli en la que empatizas con el protagonista porque comete un montón de errores absurdos y se enamora de quien no debe. Por eso, sus gestos románticos no van a ninguna parte. Te da un poco de pena, pero a todos nos ha pasado alguna vez. El vertedero de gestos sentimentales inútiles está a rebosar. Un apunte: entre esa montaña de basura romántica que estoy imaginando, creo que también hay televisores y neumáticos antiguos. 

Al mismo tiempo, el chico de la película se queda sin casa porque vive con un amigo y su novia, así que necesitan intimidad. Total, que decide lanzarse a la carretera con una furgoneta súper vieja y destartalada para, entre otras cosas, olvidar a la chica. En el camino conoce a personas que hablan poco pero qu…

Levanta la mano para preguntar

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A los niños les fascina la muerte. Lo primero que quieren saber cuando les hablo de algún compositor de música clásica es si está muerto; en segundo lugar, qué o quién lo mató. Y lo hacen con el mismo entusiasmo que un adulto pregunta fascinado si has estado en Berlín, si has leído a Proust o si sabes chino. Ellos preguntan por la muerte como si ésta fuera una ciudad cool, un escritor francés o un idioma incomprensible.


Lo que pasa con la arena, el semáforo y las lentejas.

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Cada vez admiro y valoro más a las personas que son felices con sus vidas, aunque estas no sean para tirar cohetes. A la gente que seca sus pozos de insatisfacción. A menudo nos enzarzamos en conflictos absurdos con nosotros mismos  y nada de eso es necesario. Cuando estoy en la playa me quedo mirando la arena  y observo cómo se desliza sin tocarla. Hay algunos cambios así, imperceptibles, que suceden y ni te das cuenta. Suceden cuando la cajera pasa el paquete de galletas por el lector de código de barras, o cuando esperas a que se ponga en verde un semáforo, o un día, en la cocina, calentando las manos encima del radiador mientras tarareas una canción y se hacen unas lentejas. También existen otro tipo de cambios, los que se buscan y se persiguen, pero son imposibles si antes no te has dado cuenta de todo eso que pasa con la arena, el semáforo y las lentejas.