Diario

Poco a poco vuelvo a fluír de nuevo. Es como despertar después de un montón de meses durmiendo. Es como despertar en el momento ese en el que soñabas con despertarte cuando te metías triste en la cama y pensabas en avanzar el tiempo mientras te quedabas en modo autómata hasta que empezara lo bueno. Pero no funciona así. Siempre hay un recorrido. Una especie de prueba/error constante. Hasta que un día das con algo que te da un respiro. Ha sido la música. Y ya tienes un refugio al que volver y en el que las amenazas no te alcanzan constantemente.

Ya no recordaba que los lunes eran duros para los mortales. Pero prefiero esta hostilidad llevadera que aquella sensación de desencanto.

A veces siento que es el momento de dejar atrás muchas cosas de las que ya no sirven. No en plan carpetazo ni portazo con mala hostia. Es irse porque te apetece. Es curioso que todo ello coincida con haberme desprendido de mi lugar de referencia de la infancia. Algo así como dejar atrás, de una vez por todas, la imposibilidad de volver a la inocencia y, con ello, perder de vista la agonía y el chapoteo sin sentido. Tal vez ha sido un movimiento simbólico que me ha afectado de un modo inconsciente.

¿Mañana sentiré distinto?




Comentarios

  1. Es increíble cómo nos afectan en la mente y en la percepción del mundo las cosas que nos suceden. Todo cambia: el estado de ánimo, las caras de la gente, las canciones, las rutinas, las calles... todo muta de color, de sabor... lo que hay afuera es exactamente igual, pero tú lo ves completamente distinto en función de tu momento. Nada existe en realidad más allá de tu mente, porqué eres tú quién acabas dándole forma y sentido. Puta melancolía que llevo encima, joder...

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